Estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer. Me llevó a un restaurante muy bonito, de los mejores que hay en la ciudad. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación. Llegó con un portátil y mientras lo sostenía aún sin apoyarlo sobre la mesa, me recorrió por completa con la mirada comentando: ¡Qué linda te pusiste para recibirme! Aunque la bata te sentaba muy bien te digo. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara, y se excusó diciendo …. Mi cuerpo seguía temblando por el clímax alcanzado, cuándo sentí su pija latir dentro de mí. |