Sin embargo, me hago cargo de lo complicado que tiene que resultar para estas mujeres satisfacer sus necesidades sexuales. Un tipo enjuto, con el cabello entrecano y con la bragueta abierta, la estaba penetrando por delante con bastante vehemencia, a juzgar por los gritos entrecortados que soltaba la fulana a cada empellón. No era para menos. En ese preciso instante alguien encendió la luz. Sentado en un sillón de orejas concedí una tregua a mi miembro, que por ahora no era sino un colgajo desgarbado. El Jose ya se ha estrenado con su vecina, que le saca tres años, pero yo todavía estoy a dos velas. |