Cuando me puse la camiseta de dormir, vi que mis bragas estaban mojadas… no recordaba haberme puesto cachonda… pero al parecer, mi cuerpo sí lo recordaba. Chillé de dolor y me crispé, ¡me partía! Quise gritarle que parase, pero mi boca se negó a obedecer, sólo conseguí gemir y gritar… mis ojos se llenaron de lágrimas, pero Freddy siguió bombeando, riendo, mientras me miraba despiadadamente y rompía mi cuerpo… de nuevo sentí cómo mi sangre goteaba…. Un hombre de rizos rubios estaba de espaldas a mí, parecía que estuviese lavando ropa en una tina… silenciosamente, me elevé. Era el único sitio del mundo donde yo era quien mandaba, donde no había imposibles, y lo aprovechaba. Pero ya que estás aquí… puedo cambiar de presa. – Acercó su garra al lado derecho de mi cara y noté una vez más frío y calor. |