La cremallera del vestido bajo por mi espalda hasta el culo y con delicadeza me fueron quitando la poca ropa que cubría mi cuerpo. En ese momento no podía contar las personas que había, por las voces y las manos suponía que unas 6. Mis sentidos estaban muy sensibles, cualquier roce o susurro lo sentía muy intenso. No pude evitar quedarme dormida con la cabeza apoyada en el cristal. Quede tirada en la cama mientras el resto se despedían y felicitaban a D por la buena puta que había compartido. Un par de manos acariciaban mis piernas desde los pies hasta las ingles por encima de las medias. |