Nos separamos todavía sin ningún compromiso por su parte, pero el viernes ya me llamaban para incorporarme el lunes. Total, cuando volví a mi posición, vi que su mirada pasaba de mis pezones a mi entrepierna (ahora sí, ya húmeda) y yo no hice nada por cubrirme explicando todavía sobre mi dibujo. Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). Y allí llegó mi perdición, porque cuando me caliento no me controlo y me encanta excitar. Pero yo realicé las tareas eficientemente y desconecté. Me senté y crucé las piernas. |