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EXCLAVOS EN EL DEPOSITO 2
Nuevamente reabría el depósito de esclavos, luego de las vacaciones correspondientes a las fiestas navideñas. La pareja que había pasado encerrada en la celda, debido a que su ama debió ausentarse por un largo viaje, ya había sido reintegrada a las jaulas comunes, las cuales se empezaban a completar con nuevas llegadas. Generalmente los esclavos y esclavas no quedaban tantos días "depositados", sino que a lo máximo era por una semana. En este caso, su ama no quiso cederlos ni prestarlos a nadie, los quería utilizar solo ella, a los efectos de no contaminarlos con alguna enfermedad. "Uno no sabe que es lo que anda suelto por ahí, y me costó mucho domar a estos animales", decía.
Así pues no existió navidad para ellos. Ni siquiera se dieron cuenta a que hora cambió el año. Encadenados, sucios y comiendo esa asquerosa comida, no tenían tiempo para pensar en festejos de ninguna especie. Tenía otros problemas mucho más importantes y dolorosos.
Ahora se encontraban limpios y enjaulados a la espera de que los vengan a buscar. Pocas cosas habían cambiado. La comida era la misma pasta repugnante, el espacio era hasta menor que el anterior, ya que eran jaulas de alambre grueso bastante pequeñas. La ventaja era que por los agujeros de la trama de alambre caían al piso todos los desechos, tanto te comida como sus deposiciones, y entonces no tenían necesidad de vivir entre la mugre y la mierda. Como contrapartida, estaban solos, los alambres molestaban bastante y le marcaban fuertemente la piel, y el calor seguía siendo tan insoportable como allá abajo en la celda.
Qué había llevado a estos dos seres a llegar en esas condiciones? El macho, así lo llamaban ahí, hacía tres años que pertenecía a su ama. Una vez leyendo un aviso en un diario de contactos sadomaso vio una solicitud en busca de un esclavo sumiso, dispuesto a todo, 24/7. El era una persona muy sumisa y masoquista, y le encantó la posibilidad de pertenecer a una mujer como esclavo total. Luego de varias pruebas fue elegido y quedó, sin condiciones, sin concesiones por parte de su ama. Quedó para siempre. La "hembra" había llegado a esas circunstancias por un camino diferente. Vivió con una mujer desde que tenía diecisiete años, quien la tenía totalmente dominada pero no la maltrataba. Era un ama lesbiana que la tenía como su juguete personal. Unas deudas de juego obligaron a esta mujer a vender a su esclava. Nunca supo el precio, solo que su vida cambió para siempre ya que esta nueva propietaria resultó ser una mujer muy cruel, que gozaba con castigar a sus esclavos sin razón alguna, por el solo hecho de verlos sufrir. Castigaba a sus esclavos de todas las formas posibles, los hacía trabajar, los tenía mal alimentados, desnudos y llenos de marcas. Ambos esclavos habían aceptado esa forma de vida por dos importantes motivos. El primero, era lo que siempre habían deseado. El segundo, les gustaba estar juntos, al menos tenían resueltos sus mas importantes problemas. Su mantenimiento y sus deseos sexuales.
No obstante la vida que llevaban dejaba mucho que desear. Era muy pero muy dura, y varias veces se plantearon huir del lugar, más había algo que ni ellos comprendían que les impedía hacerlo. Siempre desnudos, despojados de sus pertenencias y documentos, llenos de marcas y piercings, no tenían ni donde ni como salir de ahí. A su vez esa vida no les resultaba desagradable debido a sus inclinaciones masoquistas. Su ama era una mujer muy adinerada, y sobre todo muy hermosa. De unos cuarenta años, tenía un cuerpo escultural, pelo muy negro y siempre en casa vestida de cuero. El solo verla los enloquecía y no podían negarse a cumplir con los sádicos deseos de ella. Vivía en una granja fuera de la ciudad, donde se podía permitir cualquier locura sin ser molestada. Tenía diferentes animales como ser gallinas, cerdos, caballos y hasta cabras, y éstos tenían un rango superior al de sus esclavos. Es así que la posesión de estos dos esclavos le suponía darse todos los gustos y fantasías sádicas que tenía en mente, y gozaba también mucho con ello.
Muchas veces los hacía pasar horas, hasta días, girando una noria, desnudos y con un guardia que los azotaba constantemente. Les daba solo un par de horas de descanso, ni siquiera podían parar para hacer sus necesidades, las que debían siempre hacer andando. Les ponía un número de vueltas, y no los dejaba parar hasta completarlas. Generalmente se le ocurría esto en los días de tormenta, y no era raro ver a esta pareja girar y girar, agotados, cansados, bajo lluvia, viento y en algún caso hasta granizo. Nada le interesaba más que verlos sufrir de esa manera. No había una razón especial para que eso sucediera. También los hacía trabajar en tareas de limpieza, trabajos sucios, limpiar los retretes con sus manos, limpiar los animales de la granja, la casa y todo lo que estuviera sucio, y esa era la razón más importante de sus castigos, ya que siempre su ama encontraba un trabajo mal hecho o una razón para aplicarles un castigo. Los castigos consistían generalmente en azotes, con cualquier objeto, varas, látigos de cuero, finos, anchos, de alambre, de cable o lo que fuere. No se podía ver un lugar de su cuerpo sin una marca, roja, violácea o blanca, según la antigüedad del castigo.
Ahora ahí, enjaulados y separados, lejos de su ama, comenzaban a valorar la vida que llevaban, y añoraban su "casa", su ambiente, la atención que su ama les dispensaba, y no veían la hora de volver a su vida normal de esclavos.
Pasaron así los dos meses y su ama volvió a retirarlos para llevarlos a la granja. Sacados de sus jaulas, pidió que los metieran juntos dentro de un cajón de madera, pequeño, donde apenas entraban los dos con sus piernas entrelazadas y sus manos esposadas a la espalda como todo el período de estadía. El cajón disponía de ocho o diez pequeños agujeros que les permitían respirar. Sellada con clavos la tapa superior, los pusieron dentro de un furgón y ahí tras tres horas de viaje llegaron. Hogar dulce hogar, pensaron. Nuevamente volvería a tener sexo entre ellos o con su adorada ama. Nuevamente la atención de su diosa estaría centrada en ellos. Pasaron al lado de la noria, esa noria que tantas veces habían girado, y sintieron un fuerte deseo de ser encadenados a ella y girar para satisfacción de su ama. Pasaron al lado del enorme árbol "Palo Borracho", lleno de espinas, y sintieron deseos de ser atados a él como tantas otras veces. Esa era su vida, y así les gustaba. Todo volvió a ser como antes. |
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