Otros sí lo hacen. Puedes pasearte durante horas por la inmensa y enmoquetada antesala para echar un vistazo a la mercancía. Todo el mundo es un esclavo desnudo en potencia para quienes estarnos en este negocio. Parecen dioses y diosas, apeándose de sus lujosas limusinas negras aparcadas frente a la puerta y exhibiendo el último grito en materia de moda: unos vaqueros deshilachados, una camisa de algodón abierta hasta el ombligo o una blusa de seda con un hombro al descubierto que parece a punto de caerse a pedazos. El jurado pone a prueba la resistencia y el temperamento de los esclavos, que son clasificados según una serie de requisitos físicos. Un buen instructor averigua lo que desea acercándose a un esclavo y agarrándolo bruscamente del pescuezo. |