Realmente me sentía acariciada por ellos, sus miradas me recorrían empezando por los labios brillantes, seguían recorriendo mi cuello, llegaban a mis pechos y seguían su forma acariciándolos, se paraban un momento en mis marcados pezones para seguir por sus sensuales curvas hasta mi cintura, perfectamente marcada por la minifalda. Había lanzado una impresión en color de unas transparencias para Don José e iba con documentos para copiar. Limpié con agua las partes mojadas para que no quedara mancha e iba a secarlas con el secamanos de aire cuando Juan entró en el baño. Desde sus puestos de trabajo debían ver perfectamente cómo se mostraba bajo mi minifalda al agacharme, una vulva humedecida que haría transparentar la tela de la tanga. A menos de un metro tenía mis pezones erectos perfectamente visibles frente a el. Me acostumbré a llevar una tanga de repuesto en el bolso porque se me humedecían durante las horas de oficina y necesitaba cambiarme. |