No estaba bromeando. —Eres un chico malo. Por ese motivo, Doña Hortensia buscó una persona que se responsabilizara de los quehaceres culinarios y de la jardinería. Por ello, en un primer momento, al ver a Hortensia, pensó en poner a prueba la velocidad de sus piernas y salir huyendo de allí, pero desde hacía tiempo andaba sin un puñetero duro en los bolsillos y las deudas se lo iban comiendo, así que decidió quedarse. Las dos tenían bellos rostros, cabellos rubios y ojos de color guisante de la marca bonduelle. ¿No cree usted que valió la pena?—¡Qué cosas tiene…! —dijo la mujer de recóndita belleza, ladeando la cabeza como una estúpida colegiala y sonrojándose—. |