Los dos suspirábamos de gusto. Alguna vez, había fantaseado con acostarme con mi madre. Clavó su pene como nunca antes lo había hecho y pude sentir como su semen llenaba mis tripas. Papá se apoyó en mi espalda de manera que su pene, duro como una piedra, quedó colocado entre mis nalgas y, con sus manos, me obligó a mostrar lo que intentaba tapar. Menuda sorpresa me llevé cuando, desde la puerta entreabierta del comedor, pude ver como mi padre se la metía a mi madre sobre el lugar donde normalmente mi hermano pequeño y yo nos sentamos a ver la tele. Hundí mi cabeza entre ellas y volví a chupar como cuando era un niño. |