Eso me excitó, su olor y proximidad no me resultaban desagradables (a su cincuentena se conservaba bien, pese a la barriguilla incipiente ;). Me dijo que no tenía un trabajo cualificado para mi, pero que si no me importaba podía hacer de secretaria. La mayoría eran comerciales, de verbo fácil y simpáticos, por lo que rápidamente querían llevarme a tomar un café y… hacerme el amor en el ascensor! Pero bueno, el primer día no podía aceptar, tenía demasiadas cosas por aprender todavía, debía situarme y… pero no paraban de rondar por mi puesto de trabajo (pese a que estaba en una de las puntas de la oficina) y ofrecerse a ayudarme mientras perdían su mirada en mi escote (y eso que no era nada espectacular!). Movía el Mouse y le mostraba las impresiones que había hecho de su agenda y le mostraba que estaba sincronizado con su Blackberry cuando se me cayeron los papeles. Él sólo pudo asentir, mientras yo fijaba la vista en su… carpeta entre las piernas y me imaginaba lo que había debajo. Miré a mi alrededor y los vi a todos expectantes, babeando con mis posaderas. |