Todavía riendo, las dos ninfas acercaron sus rostros a mi erección, que a esas alturas resultaba casi dolorosa, y cuando sentí sus tibias bocas apoderarse de mi falo: vi el sol, la luna y las estrellas. Natalia estaba como poseída por el espíritu del sexo, ya no controlaba muy bien. Las dos estaban buenísimas, ¡pero Jamona estaba increíble!Bueno, ¿qué? ¿Estás lista? – dije entusiasmado. ¡SETRÁS CABRÓN! ¡ESE NO ERA EL TRATO! ¡HABÍAMOS QUEDADO EN QUE YO…!La chica no pudo continuar, pues se quedó boquiabierta al ver cómo su querida amiga Natalia (Jamona para los amigos) se arrodillaba en el asiento a mi lado como si estuviera en trance y, sin decir nada, se inclinaba acercando su voluptuosa boquita a mi enardecido falo, que la aguardaba con desespero. Natalia, por su parte, berreaba como loca contra el coño de la otra chica, que disfrutaba enormemente de lo que le estaban haciendo. Para hacer un cuadro. |