No habrá prisa: tendremos todo el día por delante y estaremos dulcemente excitados. Te hice mía sin contemplaciones y estallé en ti. La palpitante cabeza subía y bajaba sin penetrar y, al notar que suspirabas otra vez, me detuve en tu entrada y, con la mayor delicadeza posible empiezo a penetrarte. Tus labios sabrán a miel y a miedo, tu lengua a decisión y a fresas. Me llevarás hacia adentro y pediré un cuarto. El resto de la tarde, besándonos y acariciándonos como dos adolescentes, la pasaremos de plaza en plaza y de bar en bar, admirando la ciudad. |