Pensaba gozar lo máximo posible de mi merecido veraneo. Jorge mi niño, ¿quieres follarme el culito? Abrémelo bien, deseo tenerte dentro de mí. Crucé ambas piernas por detrás de sus nalgas ayudándole en la penetración. Estaba bien comunicado y la habitación tenía vistas al mar y estaba rodeada de pinos. Subía con su hambrienta lengua y bajaba hasta llegar a sus cargados huevos. Mi esposo trabaja en su empresa de la mañana a la noche y yo en una conocida editorial del país como traductora de textos por lo cual llevamos una vida sin problemas económicos. |