Salimos y paseamos por las proximidades de casa, mi cabeza solo giraba alrededor de la noche siguiente, su hubiera podido me habría ido sola hasta la hora del encuentro con mis dos hombres, por más que lo intentaba no podía hacerme una idea de cómo se iban a desarrollar los acontecimientos. Lo desnudé me arrodillé ante él y lamí suavemente su glande, cerró los ojos mientras su miembro se levantaba aún más. Sabes que sí, pero no es habitual que hagas estas cosas –dijo. Sin decir una palabra le cogí de los testículos y, suavemente, le arrastré a nuestro dormitorio, le empujé y cayó en la cama, me miraba con deseo. ¿Por qué me haces esto si no me vas a dejar follarte? – me dijo. Después de ponerle el pijama, me dirigí al salón, había preparado un tapeo para nosotros y la cena de nuestra hija, sentí remordimientos por lo que estaba haciendo con él y estuve a punto de decirle que dejásemos nuestro plan, pensaba que era una auténtica zorra y que mi marido no se merecía mi actitud. |