Justo lo que necesitaba. Un miembro grande e hinchado, listo para la acción, pensé. Me descuidé no más de dos o tres segundos, y eso fue suficiente para que Carlos me pegara contra una de las paredes de la habitación. Así estuvimos cerca de cinco minutos, sin cambiar de posición, hasta que sentí que el ritmo se intensificaba y ambos penes se sacudían con mayor rudeza contra mi cuerpo. Si se le veía la carita de zorrita gozona esa que tiene (risas). Helena al verlo pensó que si estaba acostumbrada a manejar el de su marido, que era una tabla, fácil dominaría el de mi esposo que no tenía la misma longitud. |