Me erguí y volví a mi puesto sintiéndome bien puta mientras le oía volver al baño a masturbarse de nuevo. Yo seguí con mis copias en un tenso silencio por parte del resto de la oficina, y ya iba a desfilar hacia mi puesto cuando Juan salió del baño. Entonces abría el armario contiguo donde guardábamos el papel y rellenaba el cajón de la copiadora mientras frotaba una pierna contra otra excitándome y humedeciéndome mientras notaba cómo mi vulva se inflamaba con el deseo y se abultaba entre mis piernas. A menos de un metro tenía mis pezones erectos perfectamente visibles frente a el. Su entrepierna creció hasta límites insospechados, vi que su tremenda polla se erguía por dentro de la pernera del pantalón y lo tensaba con fuerza inusitada ante su incomodidad. Entonces me tomaba mi tiempo y rebuscaba entre las impresiones las mías mientras hacía que no les miraba, pero lo cierto es que lo que hacía era darles tiempo a que se excitaran más con la vista. |