Yo no respondía, no quería aceptar la verdad, el insistía, dime chiquita, te gustó que te viera las piernas, que mas le enseñaste, dime si te vió este pequeño triangulito. Pelo corto, negro, talla 32 pero casi llegando a 34, eso es un poco llenita, aunque no una mujer panzona, mis pechos son talla 34 c y mis caderas son amplias, firmes todavía, el dice que lo mejor de mi es mi trasero, así que no me veía tan mal todavía, por mi cara todavía no pesaban mis 48, no había arrugas aun. Un primer orgasmo fue el resultado de sus acometidas, aun no me reponía y ya estaba de nuevo agitando mis caderas buscando mas penetración, mientras me acometía empezó a decirme frases soeces, me decía que era una perrita caliente, una señora insatisfecha que el me llenaría, eso lo tomaba como un aliciente a mi excitación. Mi vida sexual era algo que no me inquietaba, si pasaba meses sin sexo no me afectaba, era como quien dice fría en ese aspecto, mi esposo al principio me decía que me vistiera mas atrevida y yo me molestaba, mi forma de vestir era sobria, faldas debajo de la rodilla, blusas de manga siempre, mi ropa interior no tenían nada de sexy, para mi era andar cómoda, nunca me interesé por esa lencería que ahora sé enloquece a los hombres. Dímelo putita, me arremetía. Yo me hice la desentendida pero el arremetió, vamos, ponlo mas nervioso, deja que te admire, si es posible que vea mas. |