Fui a la Avda. Allí vendían ropa usada, pero muy sensual, casi como nueva; la tienda era el anexo de la vivienda de la dueña, una mujer de 50 años, tal vez más, pero morena, mucho más alta que yo y con un tono autoritario y sereno, que me hacía sentir como una niña, de nombre Patricia. Cada paso de mi transformación me excitaba, y a Patricia aun más ya que mientras me arreglaba, se acercaba detrás de mí, recostándome su cuerpo y haciéndome sentir mujercita, mientras ella hacia el papel de hombre con su voz ronca y seductora y sus caricias y besos pecaminosos. Ella me pidió que lamiera sus pies… me sorprendió mucho esa petición, pero al ver mi asombro, me bofeteo y me pidió que lo hiciera. Me dijo: Como vez, vivo solo con mi hijo que tiene un cierto grado de retraso mental, mis hijas mayores (2) se han casado y se han ido y necesito alguien especial para que me ayude con la casa y con otros oficios muy especiales. Patricia: HAZLO PERRA, LÁMELE LOS PIES A TU AMA, ESCLAVA SUCIA…Simplemente lo comencé a hacer y mientras lo hacía hablaba de mis nuevos deberes. |