Unos disparos sonaron. Bajo su abrigo blindado había una escopeta recortada con el cargador ampliado y varias armas automáticas en fundas cosidas en el abrigo. Saint se acercó a la puerta, sus guardias al ver el rifle sacaron sus pistolas, pero Saint, usando sus ciberopticos conectados a sus armas, apuntó a los guardias y les agujereó la cabeza para después entrar. Sus dos únicas armas eran las malorians, cargadas y listas para disparar, Ingrid estaba quieta, esperándole. Un año despuésEl maestro de ceremonias del concierto empezó a dirigirse al publico que gritaba con pasión. El cura seguía el rito y dijo. |