Yo estaba arrodillada con la caja abierta a mi lado, y con la espalda matándome, atemorizada de ver siquiera sus pies. Logre mirar de reojo y vi que mi novio estaba también sentado sobre sus talones, pero erguido con la cabeza inclinada hacia atrás viendo hacia arriba. Quería respuestas, quería que me dijeran que pasaba. –sentí como unas manos me tomaban por las caderas con fuerza, para luego entrar en mi hoyito anal. Era degradante, pero para mí, que soy morbosa como casi nadie, también era excitante. Uno a uno entrábamos por otra puerta, habían veces que entraban por parejas, pero jamás salían. |