Les dije que yo podía y me citaron para la entrevista. Desde el momento en que entré no paré de sonreír a todos, claro que fue fácil, pues todos ellos se quedaban con la boca abierta embobados mirándome. Entonces empecé a ponerme minifalda para las entrevistas y la cosa cambió. Pese a todo, no era fácil, más aún cuando debían ayudarme a conseguir los papeles oficiales de residencia (tenía sólo un permiso temporal de trabajo que me había conseguido un conocido previo pago, pero ahora necesitaba una empresa donde trabajar y que me permitieran convertirlo en permiso de residencia permanente). Eso me excitó, su olor y proximidad no me resultaban desagradables (a su cincuentena se conservaba bien, pese a la barriguilla incipiente ;). Soy una buena profesional, pero nadie me permitía demostrarlo! Al fin alguien me puso un ordenador delante y me pidió que hiciera una carta, que la archivara o enviara por mail,… en fin, alguna tarea mínima donde poder demostrar que podía ser útil en una oficina. |