Por mi cabeza corrió la cuestión de cómo había venido ella a mi casa a pedir mi ayuda sin más y cómo mi madre me pidió que la ayudase casi como una orden más que como una súplica. Su cara aparentaba más edad que Maite, pero todo en mi madre era natural, nada operado. Después de cinco minutos entró ella en la habitación con una camiseta y un pequeño pantalón corto como vestimenta. No me esperaba allí y dio un pequeño grito al verme. Entonces reconocí el sonido rítmico del cabecero de la cama al chocar contra la pared por las embestidas que le daba a mi madre. – me dijo y deseé seguirla y verla desnuda, pero la prudencia me hizo esperar desembalando el mueble y cogiendo las instrucciones para leerlas. |