Sexuales, rojos, esperantes. El libro describía poco de David, recordaba su hazaña juvenil y añadía que posteriormente reunió a las doce tribus de los judíos, fue el primer rey de Israel y padre de Salomón el constructor del Templo de Jerusalén. Se la daría el título de DAVID DEL SIGLO XXI y se colocaría en el centro de una plaza pública de Florencia aún sin designar. Posé mi vista primero en su cara para volver a recrearme de la armonía de sus rasgos, la descendí luego por el cuello hasta el nacimiento de sus tetillas, mientras mis dientes imaginaban morder sus morenas puntitas, la deslicé después por el liso vientre, donde el hoyuelo de su ombligo atrajo mi atención, siguió hasta donde se iniciaba una carrera de abundante, negro y rizado vello púbico y quedó finalmente parada, absorta y quieta, observando, loco de excitación, donde se juntaban sus piernas y aparecía un duro e inhiesto trozo de viviente carne que empuñaba su mano derecha. Como intento ser honrado con quien hablo por internet, cuando dejamos de intercambiar lugares comunes para iniciar una conversación más personal, le anuncio no poseo cámara de video para que mi interlocutor, que sí la suele poseer, sepa a que atenerse. Esta empalmada de pene se la debo a tu relato. |