Nos estábamos metiendo un polvo de antología. Los chupé con avaricia, con glotonería, con ardor, pero los ardores se ve que eran mutuos, porque a continuación mamá echó mano a sus braguitas y se las sacó mostrándome su esplendoroso chochito. Yo al principio traté de no darme por enterado, pero nada más coger la autopista y relajarme en la conducción, mis ojos iban y venían a la entrepierna de mamá como un resorte. Sus tetas brincaban entre mis dedos y entre los suyos brincaba mi polla, un cartel nos anunciaba la entrada a la ciudad, yo tenía un ojo puesto en el chumino de mamá y otro en la carretera, pero no hice la atención suficiente y de esa guisa entramos en el centro de la ciudad, mi madre con las tetas al aire y meneándome la polla, cosa que no les pasó desapercibida a algunos peatones que se quedaban pasmados ante semejante espectáculo. Yo volví a dirigir mi mano a la entrepierna de mamá, me hice un pequeño hueco entre sus bragas y le metí el dedo en su chochito. Estaban puntiagudos y enmarcados dentro de una aureola tostada que hacia resaltar su color rosadito. |