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Luis y Ana

¿ Mas?

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Crónica de un Beso Francés

 

La Luna no los miraba, la noche era oscura, perfecta para las promesas que no se cumplirían. Las nubes tapizaban el cielo, cubriendo cada estrella ansiosa de mirar lo que en la tierra de los mortales pasaba.

Caminaban por la acera, sin prisa, esperando que el camino nunca terminara; el silencio los abrazaba, ninguno de los dos parecía querer decir algo, no sabían si era el miedo que les impedía hablar, la ansiedad de un beso o quizás la certeza de la despedida.

En un acto involuntario Él tomo su mano y en ese pequeño instante el tiempo se detuvo, se quedo por un momento perdido en su mirada, como una ilusión que atrapa el amor en la atmósfera; abrázame, le dijo con la mirada; Ella dudaba en abrazarle, cuando sorpresivamente el estruendoso sonido de un rayo se hizo escuchar, y Ella salto a sus abrazos de inmediato. Sus brazos la abrazaron y su corazón se detuvo por fracciones de segundos; sus cuerpos se acercaron y sus rostros quedaron frente a frente. Sus labios estaban a milímetros de distancias del uno al otro, cuando de pronto una estrepitosa lluvia los separo; en seguida corrieron para protegerse de la lluvia. Llegaron hasta la puerta de la casa de Ella, se quedaron en el pórtico observando la lluvia caer, el momento se congelo y en sus memorias por siempre se quedaría.

Ella lo invito a pasar para que se pudiera secar, el acepto y entro. La puerta se cerró detrás de ellos, sus sonrisas nerviosas delataban a sus mentes. Ambos estaban totalmente empapados y sus ropas se pegaban a su piel; Ella temblaba de frío, y sus pezones erguidos sobresalían a través de su blusa que se transparentaba por la humedad, Ella se acerco a Él, desabotono su camisa con delicadeza, Él se quedo quieto mirando y su camisa cayo al piso, entonces Ella se hizo hacia a tras poniendo distancia entre ellos, temerosa de lo que pudiera pasar; la miro a los ojos y no pudo escapar de su corazón, se quedo indefenso, atrapado en sus ojos y en la visión de su cuerpo.

Se quito los pantalones mojados, frente a Ella se desnudo; Ella lo miraba fijamente, contemplaba la desnudes del hombre que le alborotaba las entrañas. El se acerco sigilosamente a Ella que temblaba quizás por el frío, quizás por los nervios que Él le provocaba; le quito el cabello que tapaba su rostro, la beso en la mejilla y Ella suspiro; después vino un tierno beso en el cuello, mientras sus manos se deleitaban con el tacto de sus senos. Desabotono su blusa y una luz ilumino sus senos que semejaban dos soles brillantes sedientos de calor, por su cuerpo resbalaban gotas de lluvia; al besar su hombro izquierdo percibió un sabor salado que contrastaba con el dulce aroma que aún conservaba. Ella se quedo quieta esperando sus movimientos como en una partida de ajedrez solo que en este caso el no tendría contrincante alguno pues Ella se rindió en el primer aliento. El saboreaba cada parte y su libido ya estaba en lo más alto de la cúspide, Ella con sus hermosos ojos cafés no podía dejar de mirarlo recreando quizás pensamientos perversos en su mente. Ella lo dejaba tocar sus senos, sus caricias tiernas los llenaban de calor, sus labios rozaron sus pezones rosados, su lengua se alimento de ellos, mientras que Ella quieta mordiéndose los labios sentía vibrar su interior.

La tomo por la cintura acariciando suavemente su espalda, desabotono la falda que impedía la desnudes de todo su cuerpo cayendo al suelo gracias a la acción de la gravedad. La humedad que la lluvia había dejado en sus pantis se confundía con la humedad que desbordaba la excitación de su sexo; las deslizo suavemente por sus piernas hasta despojarla de ellas; beso su vientre delicadamente, poso su nariz en su sexo deleitándose del aroma sensual que se desprendía de este. Los dos desnudos contemplándose, sin nada que se interponga entre ellos; la guió hasta el sofá, la recostó y Ella se dejo guiar sin ninguna resistencia, beso sus senos y los acaricio, el silencio se consumió en los gemidos de su pasión. Sus labios siguieron su camino hacia el sur, era todo lo que podría desear, sentía escalofrío por dentro, se aferraba a su cuerpo, sintiendo miedo de que ella pudiera escapar; en su ombligo se estaciono, escribiendo una poesía en su piel, su cuerpo era una visión de historia fantástica. Volvió a buscar el camino, para darle mas, del placer para deleitarse del sabor de su piel. Ella quieta suplicaba por sus labios, y el enloquecido placer la inundaba.

Llego a su objetivo, su cabeza entre sus piernas Ella lo podía sentir; Él besaba los labios de su sexo, con suavidad, disfrutando del sabor que Ella emanaba, sus labios se aferraron a su clítoris, su lengua se movía de abajo hacia arriba tomando el jugo que se desbordaba como río, río cargado de placeres y promesas. Su lengua se adentro a sus entrañas, escabulléndose lentamente, buscando sus secretos más profundos, hasta tocar su corazón. Por dentro Ella era un bomba de tiempo a punto de estallar, sus besos, su lengua la hacían enloquecer; sus piernas rodearon su cabeza haciéndole entender que quería más; su lengua jugaba dentro de la vagina de la mujer que lo volvía loco; sus labios, succionaba el clítoris, Él casi se la comía por completo, podía escuchar sus gemidos, le excitaba verla disfrutar, su respiración agitada y el movimientos de sus caderas desesperadas por placer.

El orgasmo exploto en su interior, sus manos se aferraron a los cojines del sofá, Ella no pudo contener el grito en su garganta y antes que la explosión encontrase la calma Él la penetro, ella se retorció, sintió que su cuerpo volaría en mil pedazos; su pene sentía el calor de su vagina, sus caderas moviéndose rápidamente, entraba y salía, sin darle tregua alguna, sus muslos se rozaban el uno al otro, por dentro Ella podía sentir su pene escarbando por su cuerpo, mientras que Él se aferraba a sus caderas; Ella no pudo aguantar más y sin que la primera explosión pudiese clamarse, vino otra con mas fuerza; el placer de Ella, se mezclo con el de Él haciéndose uno solo sin poder diferenciar, donde empezaba uno y donde terminaba el otro.

Cuando la paz encontró a sus cuerpos, Él casi agotado se recostó sobre su pecho, disfrutando de la tranquilidad; sus respiraciones se normalizaron, sus manos se entrelazaron, la miro y Ella le sonrió, sus rostros se acercaron, sus labios se rozaron y sin esperar mas la beso, ese beso que deseaba desde hace horas logro consumir, el aliento de ese beso les devolvió la vida y ya no pudieron desprenderse.

Con ese Beso la noche comenzó …

 

 

 

 

 

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