Saint seguía disparando con sus automáticas a cualquier hombre que intentara detenerle, matones de poca monta que estaban puestos ahí para ahorrar dinero. Enrique le dedicó una sonrisa y preparó sus armas, se había preparado para esto, había tirado la casa por la ventana consiguiendo sus nuevos brazos blindados, nanomaquinas y biomejoras. Ingrid se acercó cabizbaja a su padre, el cual la cogía suavemente por el brazo, a medida que avanzaban al altar, su padre decía. gracias, de verdad, odiaba a ese engreído – decia Ingrid. parece que fue ayer cuando te llevaba en brazos, ahora eres toda una mujercita, se que no te gusta este matrimonio, pero gracias a esta unión, podremos ser más fuertes. Estaba ahí, en las maquinas, inerte, decidió dejarlo así. |