Mi sorpresa fue mayúscula cuando Enrique se bajó el pantalón y él también mostraba una hermosa verga erecta que buscaba salir del interior. Enrique debe haber notado mi cara de asombro por lo que me explicó que él prefería cambiarse en su oficina dado que los lockers del gimnasio eran muy pequeños y se le arrugaba la ropa. Sin embargo, el estrés ha desaparecido gracias a las sesiones de ejercicios que Enrique y yo hacemos frecuentemente en su oficina. Enrique me convenció de ir al mismo gimnasio suyo, que queda en el mismo centro empresarial donde tiene su oficina. Cuando mi culo ya tenía cómodamente tres de sus dedos, se retiró de mi. Llegué a la oficina de Enrique pasada las 7:30 p. |