Pero eso era para después. Nuestros labios seguían juntos, mis manos seguían acariciándola y abrí los ojos para ver sus párpados, cerrados, con un mechón de cabello intruso, tan perfecto…La besé tanto. * Ya no habías venido – dijo después de un rato * No tengo mucho tiempo, a veces tengo tantas cosas que hacer que no me rinde el día la vi asentir * Te he visto en la iglesia * Ah – fue mi respuesta inteligente ante algo que no me esperaba * Pero hace dos domingos no * Ah – * ¿Por qué? * Pues… no tengo tiempo * Parecías muy triste… siempre pareces estar triste * Yo… la miré de forma distinta, nadie me había dicho algo así, era obvio que me observaba y no sólo eso, interpretaba mis acciones, mis miradas * No me gusta que hagas eso… ¿Por qué estás triste?Un aura madura se apoderó de ella y me mostró parte de su personalidad que de verdad desconocía, ¿una niña de 10 años piensa así? ¿Cómo era posible? ¿Qué debía contestar? * ¿te sientes solo? – la miré en silencio, era cierto, cada vez me sentía tan solo, pensé que quizás siguiera soñando y esa platica era con mi subconsciente, que después de un tiempo quería hacerse oír * De hecho estoy solo * Si… mi mamá cuando habla de ti siempre dice que tu papá hace mal dejándote solo tanto tiempo, dice que las personas solas siempre terminan pensando cosas que no deberían pensar. Y es cierto, más adelante pude comprobar las palabras que ella me decía, de cómo los adultos subestimamos los sentimientos de los niños, e incluso comencé a valorar cada palabra que de ellos emanaba, no espero que me creas, o que me crean aquellos que te lean, de hecho esto lo se porque lo viví, pero los reto, acérquense a un niño y pregunte sobre la vida, y ellos responderán cosas tan sabias, a veces simples, pero en esa simpleza radican muchas respuestas. Que complicación fue la estufa, pues el primero me quedó como un mapa tan deforme que reí al observarlo, y ella se unió a mi risa ante esa aventura que habíamos emprendido, se burlaba de mi hazaña y yo t |