Miré hacia todos lados, pero las pocas personas que circulaban parecían no estar pendientes de nosotros. Lo desnudé me arrodillé ante él y lamí suavemente su glande, cerró los ojos mientras su miembro se levantaba aún más. Sabes que sí, pero no es habitual que hagas estas cosas –dijo. Sin decir una palabra le cogí de los testículos y, suavemente, le arrastré a nuestro dormitorio, le empujé y cayó en la cama, me miraba con deseo. Víctor me subió las bragas como pudo y se levantó, con su dedo índice levantó mi barbilla y aspiré el inconfundible olor de mi sexo, su mano estaba brillante de mis jugos. Tienes el coño pegajoso, ¿no habrás…?. |