Dios, que bueno es esto. Por las mañanas o después de volver de la playa me masturbaba como una loca en la ducha imaginándome acompañada por alguno de aquellos jóvenes y no tan jóvenes que exhibían sus desnudas entrepiernas. Me encontraba tan ensimismada que me asusté cuando mi hijo me habló y me dijo riéndose:Pero mamá, deja de mirar que se va a dar cuenta. Miré disimuladamente a través del rabillo del ojo y pude ver con regocijo el bulto que se apreciaba debajo del bañador de Jorge. La luz del baño estaba encendida y la puerta levemente abierta. La muchacha le ofreció a su acompañante su lengua juguetona mezclando ambas en un beso enloquecedor. |