¡voy a correrme! – anuncié, y apenas había terminado de hablar, una oleada de placer indescriptible, violenta y cálida me invadió, haciéndome estremecer de pies a cabeza… sentí mi sexo contraerse hasta el ano, y grité de placer, curvándome hacia atrás por efecto de las convulsiones deliciosas que me atacaban… grité y reí… me sentía plena, satisfecha… y zorra. Era como si fuera invisible… me llamo Frida. Después, su cuerpo se ensartó en las cuchillas y literalmente reventó, bañando el coche con su sangre. Yo estaba bastante confusa… aquello no podía ser una coincidencia, estaba más que claro… pero, ¿qué debía, qué podía hacer? No podía derrotarle… burlarle, sí, pero derrotarle completamente, no…. ? Sin duda por estar obsesionada con ello, aquélla noche la imagen de la chica volvió a mi mente. ¿Te parece que necesite ayuda, mocosa…? ¿No vendrás a soltarme un discursito para que abandone mi diversión…?No. |