Allí seguro que mi padre no tocaría y yo tampoco. Volví a mi habitación sin hacer ruido cuando se volvía. En un momento él dio una gran embestida para dejarle clavada la polla en lo más profundo de aquel maduro coño. Su cara aparentaba más edad que Maite, pero todo en mi madre era natural, nada operado. Entonces Maite acabó de desnudarse y se colocó al lado de la otra para ayudarla a lamer aquella hermosura viril. Yo estaba frente a la puerta, a unos tres metros, cuando mi madre la abrió y entraba. |